Uno de los fundamentos culturales de Latinoamérica es la contribución de las Artes y la Literatura a través de la narrativa y sus imágenes visuales. Ellas son parte fundamental de la fuerza simbólica en el imaginario histórico y político de los Latinoamericanos.

"El arte y la poesía son expresiones cuestionadoras de todo el conocimiento establecido e incluso del propio conocimiento estético. El artista y el poeta se cuestionan la propia conceptualización de la realidad; se niegan a las generalizaciones que disuelven la experiencia vivida en un concepto abstracto. Su modo de conocer es un incesante recomenzar como la vida misma"  Gullar, Ferreira, en "Indagaciones de hoy", 1989, en revista Novamérica N. 116.

La identidad Latinoamericana ha sido definida en gran parte por su palabra poética, música popular, danza y sus grandes novelas del realismo mágico. Esta necesidad cultural se destaca por la sensibilidad de documentar hechos históricos a través de la pintura y del muralismo mexicano.

Ya a doscientos años del Arte Latinoamericano, se hace una pequeña reflexión acerca del panorama que ha recorrido a lo largo de dichos años.

La Academia Real de San Carlos, fundada en 1781, fue la primera academia de arte en América y la única establecida durante el régimen colonial.  En dicho recinto se aprecia el aporte de artistas y cronistas de la tradición empírica en América Latina como consecuencia de los cambios sociales que se dieron después de la independencia de México. Algunos de los representantes mexicanos son José María Velasco, Vicente Gahona, José Guadalupe Posada y Manuel Manilla

Una de las pinturas más conmemorativas de dicha época es el óleo sobre tela "Paraguay, imágen de su patria desolada" de Juan Manuel Blanes (1880), hoy expuesta en el Museo Nacional de Artes Plásticas de Montevideo.

La Paraguaya, 1880. Juan Manuel Blanes.

Continuando hacia las primeras décadas del siglo XX, en las artes visuales se produce una transformación radical por el modernismo vanguardista en busca de una consolidación de las raíces con pintores como: Rafael Barradas, Gerardo Murillo, Diego Rivera; René Portocallero y Emilia Paláez.

Por su parte, el movimiento muralista Mexicano produce el más importante arte revolucionario de carácter urbano. Los muros de las ciudades y los recintos hablan desde las artes visuales y de las expresiones de identidad de la arquitectura colonial y poscolonial. Entre ellos, los de mayor transcendencia son obras como: Diego Rivera (El hombre, controlador del universo, 1934), de Fernando Leal (La epopeya de Bolívar, 1930), de José Clemente Orozco (Cristo destruyendo su cruz, 1943).

El hombre, controlador del universo, 1943. Diego Rivera.
La epopeya de Bolívar, 1930. Fernando Leal.
Cristo destruyendo su cruz, 1943. José Clemente Orozco.

Después del desarrollo de Talleres de la Gráfica y del Grabado Popular se reconoce el Movimiento del Nativismo y del Realismo Social, interesado en el reconocimiento social y la promoción de los valores indígenas. El Artista con mayor impacto es David Alfaro Siqueiros.

Madre campesina, 1929. David Alfaro Siqueiros.
Madre proletaria, 1939. David Alfaro Siqueiros.

Siguiendo con el proyecto estético de "cambiar la vida, cambiar el mundo". Pintores como Roberto Matta, Leonora Carrington, Tilsa Tsuchiya y Frida Khalo exploran y plasman las cosas extraordinarias y desconcertantes que la vida cotidiana tiene en la realidad de América Latina.

A partir de la década de los 40, se produce un salto hacia la inventiva del Arte Concreto; la pintura comienza a crear historia sobre la identidad del nodo sur. La Escuela del Sur, con la sobresaliente participación de Joaquín Torres García, El norte es el sur, desde el cual se simboliza la apropiación de la  verdadera posición de América Latina en el mundo.

El norte es el sur, 1943. Joaquín Torres García.

De la década de los 80 del siglo XX en adelante, el capitalismo llega a escena y las artes visuales y la poesía pierden espacios de intervención ideológica y públicos frente a los grandes medios y abrumadoras empresas multinacionales.

Nicolás Bourriaud acuña el concepto de estética relacional para explicar cómo orientarse en el caos cultural y cómo deducir de ellos nuevos modos de producción.  

Según Bourriaud: "la postproducción designa el conjunto de procesos efectuados sobre un material grabado: el montaje, la inclusión de otras fuentes visuales o sonoras, las voces en off, los efectos especiales. Conjunto de actividades ligadas al mundo de los servicios y del reciclaje; la postproducción pertenece, pues, al sector terciario, opuesto al sector industrial o agrícola. La estética postmoderna es una manifestación de un gusto confuso o desprovisto de criterios sin una visión ni proyección coherente".

Hoy en día resulta imperativo generar nuevas miradas sobre el arte y como puede ayudar a comprender las encrucijadas actuales; el arte formula preguntas distintas sobre qué hacen las sociedades con aquello que no encuentran respuestas binarias, al contrario, se entreteje de distintas disciplinas como son la política, antropología, psicología en el intento de dar nueva interpretaciones a estéticas modernas y así también comprender los procesos sociales.

La gran producción artística Latinoamericana sigue siendo semillera en lo urbano, en las calles y como consecuencia de eso continúa siendo símbolo de evolución y de apropiación del mundo posmoderno.

"La literatura, como el arte en general, es la demostración de que la vida no basta" Fernando Pessoa, escritor portugués.

Referencias

Iglesias, Enrique (1999) Fundamentos culturales de la integración latinoamericana, Página 7 de Leopoldo Castedo.

Gullar, Ferreira, en “Indagaciones de hoy”, 1989, en revista Novoamérica N 116.

Ades, Dawn (1989), Arte na América Latina, página 152.

Bourriaud, Nicolás (2007), Postproducción, página 7.